18/4/2025 Celebración de la Pasión del Señor
María oró, y dijo a Juan: «¿Debo ver este espectáculo? ¿Debo huir? ¿Podré yo soportarlo?». Al fin salieron a la puerta. María se paró, y miró; la escolta estaba a ochenta pasos; no había gente delante, sino por los lados y atrás. Cuando los que llevaban los instrumentos de suplicio se acercaron con aire insolente y triunfante, la Madre de Jesús se puso a temblar y a gemir, juntando las manos, y uno de esos hombres preguntó: «¿Quién es esa mujer que se lamenta?»; y otro respondió: «Es la Madre del Galileo».
María, en medio de la violencia de su dolor, no vio ni soldados ni verdugos; no vio más que a su querido Hijo; se precipitó desde la puerta de la casa en medio de los soldados que maltrataban a Jesús, cayó de rodillas a su lado, y se abrazó a Él. Yo oí estas palabras: «¡Hijo mío!» – «¡Madre mía!».
Ana Catalina Emmerick



